El poder de los derechos humanos es una herramienta de lucha a favor de los más débiles. Sesenta y un años después de la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esta columna analiza el papel de las ONG en Venezuela y la necesidad de unirse frente a un gobierno que utiliza el derecho penal para perseguir a la disidencia.
Columna del Dr. Ramón Flores Carrillo originalmente publicada el 22 de octubre de 2009
En Venezuela existe una gran variedad de organizaciones no gubernamentales (ONG) y de asociaciones civiles, que operan de hecho o de derecho con variados objetivos vinculados con la defensa de los derechos humanos.
Muchos de estos defensores ejercitan el artículo 23 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que aborda el tema internacional (Sistema Interamericano OEA), al igual que el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Otros, hacen una combinación interna y externa.
El poder de los derechos humanos como herramienta de lucha
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada el 10 de diciembre de 1948, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, marca un hito ya que concluye el denominado «ius naturalismo» y nace el «ius positivismo». Hombres sabios, sensatos y brillantes que eligieron ponerse de acuerdo y crear un mundo con reglas claras de juego, señalando lapidariamente que era una necesidad instituir ese día como el día mundial de los derechos humanos, y crear normas que rigieran a los hombres. Pensaban esos pioneros que de lo contrario se extinguiría la especie humana. Así concibieron y concretaron 30 artículos en ese monumento a la inteligencia.
Esta obra permitió uniformar los criterios de respeto y equidad, así como establecer reglas cristalinas para quienes las suscribieran, porque incluso, para exponer la vida hay que crear previamente una norma (principio de la legalidad) como sería por ejemplo el derecho internacional humanitario.
Hoy 61 años después, guardando las distancias de los ejemplos y protagonistas, imperan los mismos criterios que nos imponen unirnos sin mezquindades, con desprendimiento y con los objetivos claros de defender al precio que se requiera los derechos humanos. No es un tema para políticos oportunistas que ven allí un espacio para promocionarse, ni es un tema transitorio o coyuntural. Es un tema permanente, trascendente, complejo y apasionante, porque se refiere al ser humano.
El derecho penal como látigo del poder
El poder de los derechos humanos es una herramienta de lucha a favor de los más débiles, de los que están encarcelados injustamente o huyendo, al ver en peligro su vida.
Se hace lamentable costumbre que muchos gobernantes utilicen el derecho penal como un látigo para camuflar, inventar, manipular y torcer la justicia, convirtiéndola en martillo castigador y colocando al disidente incómodo en posiciones vulnerables, todo esto bajo un barniz de legalidad, y ocultando las verdaderas razones, que son de carácter político.
Debemos masificar esta lucha en todas partes, a fin de que se conozca la vil manipulación de la cual somos víctimas los demócratas venezolanos.
Recordemos que el Estado es el único responsable de las violaciones a los derechos humanos tanto por acción como por omisión (posee la investidura, la fuerza y el poder), y decir lo contrario no es más que leguleyismo oficial y ocultamiento de la verdad.
La Corte Interamericana y la responsabilidad del Estado
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos quieren venir al país, ya que desde hace más de cinco años no les permiten ingresar. Por lo tanto, nos preguntamos, ¿a quién se le teme si todo está bien? ¿Será letra muerta el artículo 23 y 29 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela?
Inspirados en aquellos ilustres hombres, requerimos iniciativas. La Mesa de la Unidad sugirió invitar a un encuentro de coincidencias a distintas ONG e individualidades dedicadas a la defensa de los derechos humanos, a los fines de edificar un gran contingente de hombres y mujeres cuya acción sea luchar frontalmente en distintos ángulos (sin perder su identidad), con la finalidad de atender y abarcar el amplio concepto de los prisioneros políticos de forma exitosa, contra las acciones de este gobierno ignominioso.
Ojalá los presos y perseguidos políticos puedan muy pronto ver culminado ese calvario que viven. Ellos son motivo para intensificar la lucha a favor de los que por ahora no pueden defenderse.
Ramón Flores Carrillo
Vicepresidente de la Comisión de los DDHH de la FIA











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