Las presas políticas en Venezuela son hoy 88 mujeres. Casi una cuarta parte de ellas vive entre el INOF de Los Teques y el anexo Las Crisálidas en Lara. Dos nombres que no aparecen en los mapas turísticos pero sí en cada lista negra de la represión venezolana del siglo XXI.
Foto: @clippve — Protesta de familiares frente al INOF
Los Teques está a treinta minutos de Caracas en un día sin tráfico. Allí, en una colina, funciona el Instituto Nacional de Orientación Femenina —el INOF—, la cárcel de mujeres más antigua del país. Y a 500 kilómetros, en el estado Lara, opera Las Crisálidas. Dos centros penitenciarios distintos, una misma función: encarcelar cuerpos femeninos por el «delito» de pensar distinto.
Qué es exactamente el INOF
El INOF fue diseñado para rehabilitar. Hoy concentra al 28% de todas las mujeres privadas de libertad en Venezuela, según el Observatorio Venezolano de Prisiones. La cifra suena fría hasta que se aterriza: ese porcentaje significa cientos de mujeres conviviendo en espacios construidos para una fracción de esa población.
EL DATO
185% es el nivel actual de hacinamiento en el INOF. Casi el doble de su capacidad real. La cárcel funciona con infraestructura improvisada porque las instalaciones originales nunca fueron pensadas para esta carga.
El hacinamiento no es un detalle administrativo. Es enfermedad respiratoria, brotes de sarna, agua racionada, comida insuficiente. Y para las presas políticas —que llegan con causas armadas a destiempo y sin posibilidad real de defensa— también es aislamiento dentro del aislamiento.
Las Crisálidas: el anexo invisible
Las Crisálidas funciona como anexo de reclusión en el estado Lara. Según los datos verificados por el medio digital Efecto Cocuyo y organizaciones de derechos humanos, en sus instalaciones se encuentra más de una veintena de las 88 presas políticas que el Estado venezolano mantiene tras las rejas.
El nombre engaña. Crisálida sugiere transformación, metamorfosis, paso hacia algo mejor. Adentro, las mujeres describen lo contrario: tiempo suspendido, visitas restringidas, comunicaciones intervenidas.
«No están solas. Mientras a ustedes las tienen ahí adentro, nosotras estamos aquí afuera gritando sus nombres.»
Familiar de una presa política, durante la protesta frente al INOF
Qué hacen los familiares y por qué importa
Cada cierto tiempo, los portones del INOF amanecen rodeados. Madres, hermanas, hijas. Algunas vienen del interior del país, de Mérida, de Maracaibo, de Puerto Ordaz. Otras viven en Caracas y conocen la ruta de memoria. La protesta no es novedad: es rutina forzada.
Importa porque cada vez que esos familiares se paran frente a esos portones, obligan al país a recordar que ahí adentro hay gente. Personas con nombre, oficio, hijos esperándolas. Sin esa presencia recurrente, el olvido sería completo.
DESDE EL INOF | Este #26 de mayo, frente al INOF, familiares de presas políticas, acompañados de estudiantes y defensores de derechos humanos, gritaron «Ellas no están solas» y exigieron su liberación.
— Comité por la Libertad de los Presos Políticos (@clippve) May 26, 2026
En las últimas horas se han producido algunas excarcelaciones, pero las… pic.twitter.com/XP1GW9UKPV
CONTEXTO
El género de la prisión política venezolana
La represión política en Venezuela no distingue género en sus métodos, pero sí en sus consecuencias. Las presas políticas enfrentan revisiones invasivas y humillantes durante las visitas, dificultades para acceder a productos de higiene femenina, y separación forzada de hijos pequeños.
Organizaciones como Foro Penal y la OIDH han documentado estos patrones en informes presentados ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Lo que pide la OIDH
La Organización Internacional de Derechos Humanos sostiene una posición clara desde hace más de quince años: ninguna persona en Venezuela debe estar presa por ejercer sus derechos políticos. Ni una. La libertad inmediata de todos los presos políticos no es un favor del régimen ni una concesión negociable. Es una obligación derivada de la Constitución venezolana y de los tratados internacionales que el propio Estado firmó.
Mientras tanto, las cárceles siguen ahí. El INOF en Los Teques. Las Crisálidas en Lara. Y los portones donde los familiares se paran cada semana a gritar nombres que el resto del país necesita aprenderse.
Lee también:


