La OIDH (Organización Internacional de los Derechos Humanos) fue fundada en Caracas el 16 de octubre de 2008 por el Dr. Ramón Eduardo Flores Carrillo, abogado venezolano que en 1999 se había convertido en el primer preso político del chavismo. Diecisiete años después, la OIDH sigue documentando lo que el Estado venezolano prefiere que se olvide.

Hay organizaciones que nacen de una idea. La OIDH nació de una experiencia.
En mayo de 1999, un abogado de 38 años llamado Ramón Eduardo Flores Carrillo fue detenido en los calabozos de la Dirección de Inteligencia Militar. Su delito había sido representar a cuatro mineros que denunciaron a un general de la Guardia Nacional por una presunta red de tráfico de oro. La acusación que el régimen recién instalado fabricó contra él fue «vilipendio a las Fuerzas Armadas». El juicio nunca existió. La justicia civil ordenó su libertad. La justicia militar la ignoró.
Nueve años después, esa experiencia se transformó en institución.
El acta fundacional de la OIDH
El 16 de octubre de 2008, en Caracas, se firmó el acta constitutiva de la Organización Internacional de los Derechos Humanos. La asociación civil sin fines de lucro quedó registrada bajo el nombre legal completo, con su acrónimo de uso público: OIDH.
El documento establecía una misión que entonces sonaba aspiracional y que dieciséis años después suena urgente: promover, educar, defender y organizar a los ciudadanos frente a las violaciones de derechos humanos. Asesorar a víctimas. Acompañar a sectores vulnerables. Divulgar la Constitución venezolana y los tratados internacionales que el propio Estado había suscrito.
La cláusula segunda del acta contenía un detalle que distinguió a la OIDH desde el primer día: el mandato de atender específicamente a víctimas de la violencia contra la mujer y la familia. No era una nota al pie. Era una declaración de prioridades en un país donde la represión política aún no se medía con perspectiva de género.
La cláusula del Premio Martin Luther King Jr.
El acta incluía una cláusula sexta que ningún otro documento fundacional de ONG venezolana incluye: la creación de un premio.
El Premio Martin Luther King Jr. se establecía como reconocimiento institucional a hombres y mujeres del foro jurídico, cultural, político, religioso y humanístico que se destaquen por su trayectoria en la defensa de la libertad, los derechos humanos y la democracia. Una decisión inusual: convertir el acto de premiar en parte de los estatutos.
La OIDH entrega el galardón desde 2008. Ningún año ha quedado vacante.
Lo que cambió entre 1999 y 2008
Cuando Flores Carrillo fue detenido, el régimen recién empezaba. Hugo Chávez llevaba meses en el palacio presidencial. La detención del abogado fue noticia de portada en los diarios de Caracas. El Congreso conformó una comisión especial. El caso llegó hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Eran tiempos en los que el quiebre institucional aún producía escándalo.
Para 2008, el escándalo se había normalizado. Las detenciones arbitrarias ya no llegaban a primera plana. Las denuncias se acumulaban en organismos internacionales sin respuesta del Estado. Los expedientes de presos políticos engrosaban con velocidad documental.
Ese fue el contexto en el que se fundó la OIDH. No para reaccionar a una coyuntura. Para construir una institución que sobreviviera a varias.
«La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes.»
— Martin Luther King Jr., Carta desde la cárcel de Birmingham, 1963
Lo que documenta la OIDH
Desde su fundación, la OIDH se ha dedicado a tres líneas de trabajo verificables.
Documentación. Construcción de archivo público sobre casos de presos políticos, detenciones arbitrarias y violaciones sistemáticas. Cada expediente registrado sirve como insumo para denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional cuando la materia lo permite.
Acompañamiento. Asesoría jurídica gratuita a víctimas y a sus familias. Especial atención a mujeres víctimas de violencia institucional y a familias separadas por la detención de uno de sus miembros.
Reconocimiento. Entrega anual del Premio Martin Luther King Jr. a personalidades, instituciones y organizaciones que sostienen la defensa de la libertad frente al autoritarismo. Entre los galardonados figuran defensores de derechos humanos, diplomáticos y organizaciones civiles que han pagado costos personales por su trabajo.
Lo que la OIDH no hace
La OIDH no se afilia a partidos políticos. No recibe financiamiento del Estado venezolano. No condiciona su trabajo a la agenda de gobiernos extranjeros. La independencia institucional es la única que vale.
Dieciséis años de la OIDH
Entre 2008 y hoy, Venezuela ha cambiado de presidente una vez. La represión política, no. Las organizaciones de derechos humanos han documentado más de 15.000 detenciones arbitrarias por motivos políticos durante los años del chavismo. Casi treinta personas han muerto bajo custodia del Estado en circunstancias no esclarecidas. Presos de conciencia han superado los veinte años tras las rejas.
La OIDH lleva dieciséis años funcionando dentro de ese país. No es una metáfora. Es el contexto en el que se publican estos artículos, se asesoran víctimas y se entrega cada año el Premio Martin Luther King Jr.
El trabajo continúa porque las violaciones continúan.
